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El Arreglo

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Por Ramiro Gigliotti


La palabra “arreglo” nos invita a suponer que algo está roto o no funciona todo lo bien que debería hacerlo. Siguiendo este razonamiento, rápidamente podríamos convenir en que un “arreglador” sería quien hace andar algo que no funciona. Un plomero, por ejemplo. Un plomero sería un arreglador idóneo para un inodoro que gotea.

            Esta –quizás arbitraria- asociación entre arreglo y plomería tal vez explique el relegado lugar que el tango reserva a los arregladores. Sin embargo, un arreglador está mas bien lejos de ser el plomero de una orquesta. ¿Cuál sería entonces el sentido de la palabra “arreglo” en términos musicales? 

            En el mundo de la música la palabra “arreglo” está ligada al ordenamiento y al embellecimiento de la obra, y no presupone ningún desperfecto de fábrica.

            Para entender como funciona un arreglo tomemos como ejemplo una canción universalmente conocida: el “Cumpleaños feliz”. Imaginemos la tradicional interpretación de amigos, tías y vecinos, con inestimable acompañamiento de palmas, momentos antes de apagar las velitas. Bien; ahora pensemos la misma canción, el “Cumpleaños feliz”, pero interpretada por una Orquesta Sinfónica de 80 músicos.

            Seguramente habremos arribado a dos versiones muy disímiles. En el primer caso hay un acuerdo tácito medianamente claro entre los intérpretes: baten palmas todos juntos y tratan de afinar más o menos parecido.

            En el segundo caso el acuerdo ya no es tácito; es explícito. Alguien –un arreglador- se tomó el trabajo de ordenar cómo van a interactuar cada uno de los 80 profesores y procurará, además, que la obra se potencie como hecho artístico.

            Ese “arreglador” habrá hecho un “arreglo” del “Cumpleaños feliz” para Orquesta Sinfónica de 80 músicos.

Contrariamente a lo que uno podría suponer, en el tango los arregladores no siempre han sido los directores de las orquestas. Esto quiere decir que en muchos casos los directores se dedicaban, entre otras cosas, a elegir el arreglador, a definir los parámetros estilísticos de la orquesta y a lograr que el arreglo realmente suene; pero no a escribirlo.

            Así las cosas, a la sombra de muchas grandes orquestas y relegados a un segundo plano de popularidad entre el público en general, los arregladores contribuyeron a forjar los elementos distintivos del tango.

Los arreglos en el tango tienen dos características fundamentales: el arreglo por frases y el intercambio de roles musicales. En el tango cada frase se arregla como una unidad y en forma individual. En general cada frase tiene una idea de arreglo diferente de la frase que va a continuar. Si una frase es muy marcada rítmicamente es probable que la siguiente sea suave y con preponderancia de la melodía. Esto deriva en que dentro de una estrofa se desarrollen climas y momentos distintos.

La otra característica particular del género es la solvencia con que los distintos instrumentos intercambian y superponen roles melódicos, rítmicos y armónicos. Por ejemplo: en una frase los bandoneones llevan la melodía, en la frase siguiente marcan el ritmo y en la siguiente tejen una trama armónica con los violines.

Este ir y venir de instrumentos y timbres distintos a través de la estructura rítmica, melódica y armónica del tango se ha ido desarrollando al punto de generar arreglos que son de una complejidad poco común en otras músicas populares. Difícil es saber cual es la causa y cual el efecto. Hoy en día no se sabe si los arreglos son complejos para respetar la sonoridad del tango, o si la sonoridad del tango es tal cual es por los complejos arreglos.

            En cualquier caso, y con –al menos- siete décadas de arreglos de envergadura, está claro que no podría pensarse hoy el tango sin los arreglos. Y por ende tampoco podría pensarse el tango sin los arregladores.