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Entrevista a Malena Muyala

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Por Guillermo Anad

 
 

 

Vamos a arrancar con una pregunta original,  que seguramente no te hizo nadie hasta ahora: tu nombre, ¿cómo es esto de llamarse Malena y cantar tangos?

MM: (se ríe) Me lo imaginaba. Mirá, en realidad el tema del nombre, obviamente, cuando llega un nuevo integrante a la familia, siempre se están manejando un montón de nombres. Parece que cuando yo vine al mundo, mi mamá manejaba otro nombre para mí, pero mi viejo se fue solo al Registro Civil y apareció con la partida de nacimiento. Me había anotado Malena por propia decisión de él, por su fanatismo con Homero Manzi y con el tango en general.

¿De manera que te sentiste predestinada al tango de entrada?

MM: Sí, desde chiquita, cuando empecé a notar que cada vez que yo decía que me llamaba Malena, la gente no podía evitar relacionarme con el tango, con el tango Malena concretamente, y bueno, más allá de eso, ya con el tango en sí, con su autor y todo lo demás.

Y por razones obvias, vos tratás de evitar el tango Malena, ¿no?

MM: Sí, por supuesto que me lo piden todo el tiempo, pero no, no lo canto. A mí me resulta muy fuerte, sobretodo la letra, lo que está diciendo el tango. Es como muy fuerte para mí,  que realmente me llamo Malena.

Y cantás “como ninguna...”

MM: Bueno, eso de “como ninguna” no significa que necesariamente sea buena... (risas)

¿Es cierto que tus canciones infantiles también eran tangos?

MM: Sí, mi abuela fue quien me estuvo impulsando todo el tiempo con el tema del tango, obviamente como un juego. Imaginate, su nieta que se llamaba Malena! Para ella fue todo un acontecimiento que a mi viejo se le ocurriera llamarme así. Entonces claro, para todo su núcleo de amistades, la gracia de la nena era que se llamaba Malena y aparte cantaba fragmentos de algunos tangos. Pasé toda mi infancia un poco jugando con el tema del nombre y con el tema del género.

¿Y cómo llega tu debut profesional?

MM: Mirá, yo nací en San José, que es una ciudad a 90 kilómetros de Montevideo. Mi tía tomaba clases de teatro en el Teatro Mació de ahí, de San José, y yo empecé a ir a los 12 años a pasarle letra a los actores. Me sentaba en primera fila y en los ensayos pasaba la letra. Hasta que un día, a mi tía se le ocurrió decirle al director (que era un director de Montevideo), que yo cantaba. Entonces, bueno, automáticamente me inventaron un personaje en una obra: una niña que vivía en un conventillo y pasaba dos o tres veces por el escenario cantando algún fragmento de un tango. Ese fue mi primer acercamiento o mi primera presentación formal en público, y ya asociada con el tango. Después, más de grande me fui a vivir a Montevideo para seguir estudiando y ahí sí, ya tomé la decisión, pero muy conciente, procesada por mi propia cabeza, de presentarme a un Certamen Nacional de Tango que se organizó acá en Uruguay.

¿Y cómo te fue ahí?

MM: Bueno, yo concursé por Montevideo porque hacía un año que estaba viviendo allí, sino hubiese tenido que representar a San José. Fueron unos 350 participantes, más o menos, de todo el país. Fui pasando por distintas rondas hasta llegar a la Final con 12 participantes y  afortunadamente pude obtener el Primer Premio y eso, digamos, ya me posicionó para el resto de la gente en un lugar desde el cual después tuve que encarar y afrontar otro tipo de situaciones como, por ejemplo, algún viaje al extranjero representando a Uruguay. Recuerdo con mucha emoción, también, el Quinto Festival de Tango de Montevideo, en el que actué como telonera, antes de la Orquesta de Osvaldo Pugliese. De manera que esto significó para mí una ubicación muy concreta con el tango.

¿Dónde actuaste en el extranjero?

MM: En  el año ´93 estuve en Grecia, representando a mi país en el Festival Uruguayo que se realizaba en el Hilton de Atenas. Había desde exposición de comidas hasta distintas manifestaciones artísticas uruguayas.

¿Seguís estudiando Medicina?

MM: Sí, sigo después de un montón de años de haberme tomado un descanso. Un descanso con respecto al estudio, pero con mucha actividad en mi vida privada y también con el canto. Afortunadamente el año pasado pude recursar una materia, pasar el examen y ahora sigo cursando.

¿Cómo es un día típico de tu vida?

MM: Un día común de mi vida es levantarme en torno a las 9 más o menos, lo despierto a Juan, mi hijo de cinco años, y nos ponemos a desayunar. Después estamos toda la mañana en casa y a la una lo llevo al colegio. De ahí ya me voy a la Facultad y después a la tarde lo paso a buscar y generalmente de tardecita tengo ensayo con los músicos que me acompañan. Y después bueno, a la nochecita ya estamos volviendo para casa... bastante agitadito...

Volviendo a la música, ¿qué te dice el nombre de Alfredo Ziatrrosa?

MM: Zitarrosa para mí es un maestro total. El poder que tenía -no sólo él como intérprete, que tenía un estilo muy particular-  sino la capacidad de composición. Cuando uno escucha sus letras se pregunta cómo en dos palabras pudo resumir algo que a uno le llevaría años poder escribir o expresar. Creo que es un genio de la palabra y de cantar los sentimientos humanos.

¿Hacés de vez en cuando alguna que otra milonga de él?

MM: Hasta hace muy poquito tiempo uno de mis guitarristas era integrante del Cuarteto Zitarrosa. Entonces en los ensayos muchas veces sacábamos temas de él y yo los cantaba. No los he cantado en público. Pero sí en los ensayos, un poco para revivir y explorar ese terreno que es tan rico, ¿no?

¿Y Jaime Roos, qué opinás de él?

MM: Creo que es todo un símbolo representativo del Uruguay, por más que Jaime ahora ha extendido quizás su alcance. Creo que va a ser un referente muy importante no sólo para las generaciones actuales, sino de aquí en más. El revivió realmente la música uruguaya y fue hasta las raíces.

¿Cómo ves el acercamiento que se está dando últimamente de algunos rockeros al tango?

MM: Yo me siento muy vinculada a otros géneros, más allá del tango. Escucho todo tipo de música,  no soy una persona de estar encerrada en mi género y el tema de la fusión me parece un proceso inevitable. Me parece bárbaro que gente del rock se acerque al tango, o mezclen los géneros, o exploren e integren cosas distintas. Creo que uno siempre está en una búsqueda permanente y, a veces, el abanico se va cerrando porque ya queda muy poca cosa por inventar, aparentemente. Entonces es como imprescindible, y hasta lógico, necesario y muy sano,  lo que está ocurriendo con la fusión. Me parece muy creativo.

 ¿Cuál es la respuesta del público joven a tu propuesta?

MM: En Uruguay, por lo menos, ha ocurrido algo muy interesante, que yo he podido notar a través del disco que hoy ya tiene un año y  algo de estar editado aquí. Y es que el tipo de público que se ha acercado a mis espectáculos, y el tipo de gente que ha consumido el trabajo, no ha sido solamente el público tanguero-tanguero tradicional, sino que hay todo un margen de gente de entre 30 y 40 años, que es el público fuerte que yo tengo en este momento. Y son ellos los que muchas veces me dicen “cuando te escuchamos cantar los temas clásico tipo Los mareados o Como dos extraños, no nos parece que sea tango; y eso es lo que nos engancha”. Y yo creo que está bárbaro que suceda eso, porque tango sigue siendo. Creo que a veces creamos como una barrera y cuando nos hablan de tango tendemos a alejarnos como diciendo “no, yo tango, no, todavía soy joven”. Sin embargo, lo que yo hago es tango clásico, pero presentado de otra manera, de otra forma y creo que eso es lo que a la gente de generaciones más jóvenes les está llegando. Esto coincide con que he encontrado en el tango un terreno en el que me siento muy cómoda, y que me permite volcar mucha fibra.

¿Cómo surgió la idea de grabar un tango con acompañamiento de violonchelo solo, como es el caso de Garúa?

MM: En el año `98, presenté en Montevideo  un espectáculo que se llamaba “Malena tanto tango y tanto amor”, que lo estuvimos representando por todo el interior de Uruguay, también. Era un espectáculo muy integrado, con vestuario, bailarines, con toda una puesta en escena, y poemas de Benedetti, Vaccarezza y Vilariño. En ese espectáculo, los elementos que se trabajaban eran obviamente la palabra, la música, el canto, el baile y la cuestión visual. Me parecía particularmente interesante jugar mucho con los climas, algo que generalmente hago. Bueno, entonces, el momento de Garúa era  muy mágico: se iluminaba sólo el violonchelo, yo estaba con un vestido medio largo, negro y en una banqueta. Previamente, yo recitaba un poema sobre la lluvia y se generaba todo un diálogo con el cello. Entonces, claro, era como que veníamos del baile, con mucha luz, todo muy arriba y de golpe quedaba esto y era un momento realmente lleno de magia. La gente se iba del espectáculo y muy pocos no rescataban como algo muy particular, la parte de Garúa. Son cosas que uno va aprendiendo de la gente y las tiene que utilizar. De manera que cuando surgió la posibilidad de grabar el disco, no lo dudé ni un minuto.

Malena, alguna vez dijiste que sos tristona, ¿es cierto?

MM: Bueno, soy un poco tristona, sí. Pero hay que diferenciar. Una cosa es uno con uno mismo y su forma a veces de encarar las cosas, y otra cosa es uno en fiestas. En ese caso, soy una persona súper animada, me encantan las reuniones, dialogar con mis amigos, charlar, salir, divertirme, y todo lo demás, también.