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Vamos
a arrancar con una pregunta original,
que seguramente no te hizo nadie hasta ahora: tu nombre, ¿cómo
es esto de llamarse Malena y cantar tangos?
MM:
(se ríe) Me lo imaginaba. Mirá, en realidad el tema del nombre, obviamente,
cuando llega un nuevo integrante a la familia, siempre se están manejando
un montón de nombres. Parece que cuando yo vine al mundo, mi mamá manejaba
otro nombre para mí, pero mi viejo se fue solo al Registro Civil y apareció
con la partida de nacimiento. Me había anotado Malena por propia decisión
de él, por su fanatismo con Homero Manzi y con el tango en general.
¿De manera que te sentiste predestinada al tango de entrada?
MM:
Sí, desde chiquita, cuando empecé a notar que cada vez que yo decía que
me llamaba Malena, la gente no podía evitar relacionarme con el tango,
con el tango Malena concretamente, y bueno, más allá de eso, ya con el
tango en sí, con su autor y todo lo demás.
Y por razones obvias, vos tratás de evitar el tango Malena,
¿no?
MM:
Sí, por supuesto que me lo piden todo el tiempo, pero no, no lo canto.
A mí me resulta muy fuerte, sobretodo la letra, lo que está diciendo el
tango. Es como muy fuerte para mí,
que realmente me llamo Malena.
Y cantás “como ninguna...”
MM:
Bueno, eso de “como ninguna” no significa que necesariamente sea buena...
(risas)
¿Es cierto que tus canciones infantiles también eran tangos?
MM:
Sí, mi abuela fue quien me estuvo impulsando todo el tiempo con el tema
del tango, obviamente como un juego. Imaginate, su nieta que se llamaba
Malena! Para ella fue todo un acontecimiento que a mi viejo se le ocurriera
llamarme así. Entonces claro, para todo su núcleo de amistades, la gracia
de la nena era que se llamaba Malena y aparte cantaba fragmentos de algunos
tangos. Pasé toda mi infancia un poco jugando con el tema del nombre y
con el tema del género.
¿Y cómo llega tu debut profesional?
MM:
Mirá, yo nací en San José, que es una ciudad a 90 kilómetros de Montevideo.
Mi tía tomaba clases de teatro en el Teatro Mació de ahí, de San José,
y yo empecé a ir a los 12 años a pasarle letra a los actores. Me sentaba
en primera fila y en los ensayos pasaba la letra. Hasta que un día, a
mi tía se le ocurrió decirle al director (que era un director de Montevideo),
que yo cantaba. Entonces, bueno, automáticamente me inventaron un personaje
en una obra: una niña que vivía en un conventillo y pasaba dos o tres
veces por el escenario cantando algún fragmento de un tango. Ese fue mi
primer acercamiento o mi primera presentación formal en público, y ya
asociada con el tango. Después, más de grande me fui a vivir a Montevideo
para seguir estudiando y ahí sí, ya tomé la decisión, pero muy conciente,
procesada por mi propia cabeza, de presentarme a un Certamen Nacional
de Tango que se organizó acá en Uruguay.
¿Y cómo te fue ahí?
MM:
Bueno, yo concursé por Montevideo porque hacía un año que estaba viviendo
allí, sino hubiese tenido que representar a San José. Fueron unos 350
participantes, más o menos, de todo el país. Fui pasando por distintas
rondas hasta llegar a la Final con 12 participantes y
afortunadamente pude obtener el Primer Premio y eso, digamos, ya
me posicionó para el resto de la gente en un lugar desde el cual después
tuve que encarar y afrontar otro tipo de situaciones como, por ejemplo,
algún viaje al extranjero representando a Uruguay. Recuerdo con mucha
emoción, también, el Quinto Festival de Tango de Montevideo, en el que
actué como telonera, antes de
la Orquesta de Osvaldo Pugliese. De manera que esto significó para mí
una ubicación muy concreta con el tango.
¿Dónde actuaste en el extranjero?
MM:
En el año ´93 estuve en Grecia,
representando a mi país en el Festival Uruguayo que se realizaba en el
Hilton de Atenas. Había desde exposición de comidas hasta distintas manifestaciones
artísticas uruguayas.
¿Seguís estudiando Medicina?
MM:
Sí, sigo después de un montón de años de haberme tomado un descanso. Un
descanso con respecto al estudio, pero con mucha actividad en mi vida
privada y también con el canto. Afortunadamente el año pasado pude recursar
una materia, pasar el examen y ahora sigo cursando.
¿Cómo es un día típico de tu vida?
MM:
Un día común de mi vida es levantarme en torno a las 9 más o menos, lo
despierto a Juan, mi hijo de cinco años, y nos ponemos a desayunar. Después
estamos toda la mañana en casa y a la una lo llevo al colegio. De ahí
ya me voy a la Facultad y después a la tarde lo paso a buscar y generalmente
de tardecita tengo ensayo con los músicos que me acompañan. Y después
bueno, a la nochecita ya estamos volviendo para casa... bastante agitadito...
Volviendo a la música, ¿qué te dice el nombre de Alfredo
Ziatrrosa?
MM:
Zitarrosa para mí es un maestro total. El poder que tenía -no sólo él
como intérprete, que tenía un estilo muy particular-
sino la capacidad de composición. Cuando uno escucha sus letras
se pregunta cómo en dos palabras pudo resumir algo que a uno le llevaría
años poder escribir o expresar. Creo que es un genio de la palabra y de
cantar los sentimientos humanos.
¿Hacés de vez en cuando alguna que otra milonga de él?
MM:
Hasta hace muy poquito tiempo uno de mis guitarristas era integrante del
Cuarteto Zitarrosa. Entonces en los ensayos muchas veces sacábamos temas
de él y yo los cantaba. No los he cantado en público. Pero sí en los ensayos,
un poco para revivir y explorar ese terreno que es tan rico, ¿no?
¿Y Jaime Roos, qué opinás de él?
MM:
Creo que es todo un símbolo representativo del Uruguay, por más que Jaime
ahora ha extendido quizás su alcance. Creo que va a ser un referente muy
importante no sólo para las generaciones actuales, sino de aquí en más.
El revivió realmente la música uruguaya y fue hasta las raíces.
¿Cómo
ves el acercamiento que se está dando últimamente de algunos rockeros
al tango?
MM:
Yo me siento muy vinculada a otros géneros, más allá del tango. Escucho
todo tipo de música, no soy
una persona de estar encerrada en mi género y el tema de la fusión me
parece un proceso inevitable. Me parece bárbaro que gente del rock se
acerque al tango, o mezclen los géneros, o exploren e integren cosas distintas.
Creo que uno siempre está en una búsqueda permanente y, a veces, el abanico
se va cerrando porque ya queda muy poca cosa por inventar, aparentemente.
Entonces es como imprescindible, y hasta lógico, necesario y muy sano,
lo que está ocurriendo con la fusión. Me parece muy creativo.
¿Cuál
es la respuesta del público joven a tu propuesta?
MM:
En Uruguay, por lo menos, ha ocurrido algo muy interesante, que yo he
podido notar a través del disco que hoy ya tiene un año y
algo de estar editado aquí. Y es que el tipo de público que se
ha acercado a mis espectáculos, y el tipo de gente que ha consumido el
trabajo, no ha sido solamente el público tanguero-tanguero tradicional,
sino que hay todo un margen de gente de entre 30 y 40 años, que es el
público fuerte que yo tengo en este momento. Y son ellos los que muchas
veces me dicen “cuando te escuchamos cantar los temas clásico tipo Los
mareados o Como dos extraños, no nos parece que sea tango; y eso es lo que nos
engancha”. Y yo creo que está bárbaro que suceda eso, porque tango sigue
siendo. Creo que a veces creamos como una barrera y cuando nos hablan
de tango tendemos a alejarnos como diciendo “no, yo tango, no, todavía
soy joven”. Sin embargo, lo que yo hago es tango clásico, pero presentado
de otra manera, de otra forma y creo que eso es lo que a la gente de generaciones
más jóvenes les está llegando. Esto coincide con que he encontrado en
el tango un terreno en el que me siento muy cómoda, y que me permite volcar
mucha fibra.
¿Cómo surgió la idea de grabar un tango con acompañamiento
de violonchelo solo, como es el caso de Garúa?
MM:
En el año `98, presenté en Montevideo
un espectáculo que se llamaba “Malena tanto tango y tanto amor”,
que lo estuvimos representando por todo el interior de Uruguay, también.
Era un espectáculo muy integrado, con vestuario, bailarines, con toda
una puesta en escena, y poemas de Benedetti, Vaccarezza y Vilariño. En
ese espectáculo, los elementos que se trabajaban eran obviamente la palabra,
la música, el canto, el baile y la cuestión visual. Me parecía particularmente
interesante jugar mucho con los climas, algo que generalmente hago. Bueno,
entonces, el momento de Garúa
era muy mágico: se iluminaba
sólo el violonchelo, yo estaba con un vestido medio largo, negro y en
una banqueta. Previamente, yo recitaba un poema sobre la lluvia y se generaba
todo un diálogo con el cello. Entonces, claro, era como que veníamos del
baile, con mucha luz, todo muy arriba y de golpe quedaba esto y era un
momento realmente lleno de magia. La gente se iba del espectáculo y muy
pocos no rescataban como algo muy particular, la parte de Garúa.
Son cosas que uno va aprendiendo de la gente y las tiene que utilizar.
De manera que cuando surgió la posibilidad de grabar el disco, no lo dudé
ni un minuto.
Malena,
alguna vez dijiste que sos tristona, ¿es cierto?
MM:
Bueno, soy un poco tristona, sí. Pero hay que diferenciar. Una cosa es
uno con uno mismo y su forma a veces de encarar las cosas, y otra cosa
es uno en fiestas. En ese caso, soy una persona súper animada, me encantan
las reuniones, dialogar con mis amigos, charlar, salir, divertirme, y
todo lo demás, también.
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