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Tango argentino: máximo, vital y móvil Por Sandra de la Fuente Fuente: Clarin
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| El panorama actual marca una notable diversidad de estilos. "Clarín" reunió a cuatro grupos —Las del Abasto, 34 Puñaladas, Bardos Cadeneros y Dema y su Orquesta Petitera— para reflexionar sobre este presente.
A partir de la década del 90, el tango vivió un reverdecer que soslayó en buena medida la música de Astor Piazzolla —que dominó buena parte de los años 70 y 80— y se encaminó hacia una tendencia revisionista. Este resurgimiento abarcó diferentes aspectos: desde la música instrumental hasta el canto, pasando por el baile y por diferentes corrientes estilísticas.
Algunos ítems inevitables son la tenaz tarea de Ignacio Varchausky con El Arranque y la Orquesta Escuela; la faz de compositores, directores y arregladores de Ramiro Gallo, Sonia Posetti y Andrés Linetzky, entre otros; la cantidad de orquestas bailables con una intensa actividad social (la Típica Fernández Fierro, la Sans Souci, Fervor de Buenos Aires, la Típica Imperial), agrupaciones como el Cuarteto del Abasto o la del Cardenal Domínguez; solistas como Nicolás Ledesma; cantores como Ariel Ardit, Alfredo Piro, Esteban Riera. Y muchísimos, muchísimos más.
Esto descontando algunos que, desde el borde del tango, experimentan en la cruza de géneros (La chicana, Buenos Aires Negro) y sin hablar, claro, de la avalancha de tango electrónico, un universo en si mismo que combina búsqueda y oportunismo.
Clarín reunió a cuatro formaciones que, con discos flamantes y una intensa agenda de conciertos en el circuito local, son ejemplos de la diversidad y vitalidad del tango: las "señoritas" de Las del Abasto, el lunfardo carcelario de 34 Puñaladas, el clima evocativo de los años 20 y 30 de Bardos Cadeneros y el humor de Dema y su Orquesta Petitera. Encarnan en pleno siglo XXI la continuidad de estilos y personalidades legendarios: en Las del Abasto se advierte, por ejemplo, el temple de Tita Merello; en 34 Puñaladas el espíritu más lunfa de Edmundo Rivero (que tiene otro estigma en el singular canto de Daniel Melingo); en Bardos las delicadas voces de los años 20 y en Dema y su Orquesta Petitera la picaresca de aquellos tangos humorísticos de Discepolín.
Este panorama se está ensanchando día a día. A continuación, algunos de los protagonistas.
DEMA Y SU ORQUESTA PETITERA
Más allá de la parodia
Noches largas, vida corta, me decían por ahí. Y ahora que me ven de viejo me piden consejo a mí, declama el treintañero Dema en su Cabaret y Milonga. Con dicción imprecisa y la camisa mal abotonada que su cuerpo flaco no logra mantener dentro del pantalón, Sebastián Demattei —según figura en su documento— se calza el personaje de cantor quebrado para subir al escenario a presentar su disco Dema y su Orquesta Petitera, volumen 1 , con dos guitarristas que lo acompañan con más pasión que erudición.
Dema, tu parada en el escenario, tu manera de cantar apuntan a mostrar tus límites antes que tus virtudes como cantante.
Es como dice el Maestro —Marcelo Virgilio, guitarrista—, yo soy un gran intérprete.
¿Buscás el tono paródico?
No, trato de cuidarme de no caer en eso. El personaje que está arriba del escenario es el mismo que está hablando con vos o comiendo un asado.
Una música que suena antigua y áspera con letras que recurren al vocabulario lunfardo para hablar de cuestiones más actuales; puede emparentarse con cierto rock que parece hacer alarde de sus modos rudimentarios.
Alfredo Seoane : Queremos que nuestra música tenga la fuerza de una orquesta pero sólo somos dos guitarras y un cantor, no queremos que suene áspera, aunque tal vez sea eso lo que se escucha. Nuestra propuesta está basada en la composición; no somos grandes instrumentistas. Los grupos que se escuchan están más especializados en cada instrumento.
Los tangueros suelen hablar de la fuerza del estilo a través de la palabra mugre, ¿es ésa la búsqueda del grupo?
Dema: Puede ser: después de cada show salimos enchastrados.
¿Por qué escribís tango hoy?
Dema: Antes tocaba la trompeta y ahora que tengo una hija dejé de tocar. Sé más de jazz que de tango. Siempre me gustó escribir y tengo muchas cosas guardadas, desde poesías hasta guiones de películas. Escuché y escucho tango y un día empezaron a salir letras que almacené en un grabadorcito; se las mostré al Maestro y les puso música.
Marcelo, vos tenías un grupo de rock, ¿qué te llevó al tango?
Marcelo Virgilio: Nunca había escuchado tango hasta que oí las letras que Dema había grabado. Sonaban a tango. Desde ese momento empecé a tomarle el gusto al género: primero fue Goyeneche y ahora sólo escucho tango. El Tío (Seoane) sí, siempre arregló música para orquestas.
¿Eran tan ficticias como ésta?
Alfredo Seoane: Tuve orquestas de diferentes tipos. Escribo música para teatro y escucho mucha música clásica porque me gusta el sonido sinfónico.
Dema: Hace muchos años, él y yo tocábamos jazz en un bar. Yo tocaba la trompeta y él la guitarra. Queríamos hacer jazz pero lo que sonaba, para mí, era tango. Lamentablemente no quedaron grabaciones de esa época, que si no Iaies temblaría: esos registros demostrarían que nosotros fuimos los primeros en probar esa mezcla.
34 PUÑALADAS
Tangos entre rejas
Desde que empezamos a trabajar en 1998 el desafío fue integrar nuestra historia musical al tango de los años 20 y 30", explica Alejandro Guyot, cantor del grupo, elevando su voz por sobre la del resto de los integrantes de 34 Puñaladas reunidos alrededor de la mesa de un bar de Palermo. "En el momento en que aparecimos la tradición de grupos de guitarra estaba en un punto muerto". Tangos carcelarios y Slang —su último disco— trabajan sobre el lenguaje.
¿Qué despertó en ustedes la recuperación del lenguaje carcelario?
Edgardo González: Quisimos buscar en la raíz. En Tangos carcelarios el título es arbitrario porque no todos los tangos trabajan sobre esa temática aunque la gayola funciona como una suerte de emblema que sobrevuela el disco. En Slang, en cambio, el trabajo en función del lenguaje es más notorio.
Numerosos grupos se han volcado a realizar una suerte de revisionismo dentro del tango, ¿se pueden establecer diferencias entre unos y otros?
Hernán Reinaudo: Sí, hay infinitas formas de enfocar el revisionismo: se puede copiar con obstinación o se puede elaborar un lenguaje propio dentro de la interpretación. Nosotros apostamos a esto último. En la música clásica ser un intérprete es la norma, en cambio en la popular esa práctica no está bien vista. De algún modo, me parece que ese rechazo a la interpretación asegura la vitalidad de un género, pero en el caso del tango, que atraviesa una etapa de sequía creativa, la instancia revisionista es un escalón necesario para empezar a animarse a hacer algo personal.
Hay un tono paródico en el grueso de los grupos revisionistas tanto en el aspecto instrumental como, de manera más expuesta y evidente, en la expresión de los cantantes. ¿Intentan eludir ese tono?
Alejandro Guyot: Depende de la decisión artística, que encierra también una decisión política: hay un estereotipo de cantor que responde más a un animador, una especie de pícaro y atorrante que ya resulta anacrónico. Nosotros preferimos encontrar un tono irónico. De todos modos el cantor de tango está siempre en una permanente búsqueda sobre el escenario y creo que la mejor manera de hacer las cosas es no tratando de encontrar cierta fluidez en el escenario, conservando intactas todas las influencias que nos forman, aunque no sean específicamente tangueras.
Reinaudo: Muchas veces a nuestro cantor se le escapan más las influencias de Nick Cave o de Tom Waits que las de Alberto Castillo, que indudablemente no tiene.
¿Por qué no participan de festivales de tango y sí de festivales de world music?
Augusto Macri: En principio, porque a excepción de algunas ediciones del Festival de Buenos Aires no hemos sido convocados. La relación entre el tango y la danza y el tango y el bandoneón es tan fuerte en el exterior que nos obligó a transitar otros caminos. Pero lo que podría verse como un hecho discriminatorio o una limitación nos ha brindado la posibilidad de dialogar en un backstage con artistas tan disímiles como Marc Ribot, Hermeto Pascoal o Faíz alí Faíz y de mostrar nuestra música en ese entorno. Creo humildemente que los festivales de world music son más fructíferos para el género porque se lo valora como música y no como show for export.
LAS DEL ABASTO
Orquesta de señoritas
Aunque hace seis años que trabajan juntas, De ida es el primer disco de Las del Abasto. Transparencias, furiosos rojos y sugerentes negros se asoman por detrás de cada instrumento. "Nos conocimos en la Escuela de Música de Avellaneda. Las primeras reuniones fueron en la casa de nuestra anterior pianista que vivía en el Abasto, de allí el nombre de nuestra orquesta", cuenta Stella Díaz, la cantante y su mirada se dirige a Verónica Bellini, la actual pianista de la agrupación. "La selección del repertorio cantado estuvo hasta ahora marcado por la condición femenina: hacemos temas que hablan de la mujer desde la mujer, no tanto por defender la cuestión del género sino porque sentimos que nos queda bien ese repertorio".
¿Creen que esa poética representa a la mujer actual?
Bellini: En nuestro grupo conviven la historia y la actualidad. En Solterona o Tu cuarto de hora, que tienen letra y música de mi autoría, hay una estética que puede hacer referencia a otra época pero el contenido es muy actual y me parece que refleja a las mujeres de hoy. Solterona es una respuesta al tremendo Pobre y solterona te has quedado de Nunca tuvo novio. Me cansé de escuchar tangos en los que el tipo reprocha el abandono de una mina o llora por no haber comprendido a tiempo el valor de esa mujer. Tu cuarto de hora refleja nuestra perspectiva: tardaste en darte cuenta y ahora te arrepentís, lo siento. Hoy tenemos la oportunidad de dar a conocer nuestras versiones de situaciones que siempre describieron los hombres.
¿Los cantores actuales tienen una expresión algo distanciada, paródica.
Stella Díaz: Yo no trato de imitar a ningún cantor. No hablo en canyengue pero tampoco tengo modos estilizados; me parece que mi vocabulario y mi manera de ser coinciden con los modos del lenguaje del tango. Lo que tal vez aparece es el humor, no la parodia.
Bellini: Hay una actitud que es inherente al género: el cantante de rock te tira la guitarra y en el tango hay una emoción contenida, alguien que te cuenta de pie, bien plantado que su vida es un desastre y que está sufriendo.
BARDOS CADENEROS
Yo soy del 30
Hernán Lucero, cantor de Bardos Cadeneros, recurre a una metáfora deportiva para definir su estilo: "No soy un cantante que va a salir a tirar un centro -dice— ; siempre mi voz viene después del texto, está en función de las palabras".
Con impecable camisa de raso, Lucero acude a la entrevista junto con el guitarrista mendocino Pablo Budini. Lucero describe el pedigrí del grupo: "Hace ya tres años que estamos en la ruta como grupo, pero hace muchísimo más tiempo que los músicos del grupo actúan. Pablo, por ejemplo, es músico profesional desde hace 15 años y Carlos Viyer, nuestro baluarte, ya tiene 50 años como músico o tal vez más porque en realidad nadie sabe su edad, él no la confiesa. No hay otro grupo de nuestra generación que tenga músicos con tanta trayectoria".
En esta suerte de movimiento revisionista que vive el tango, ¿cuál es el aporte que realiza Bardos Cadeneros?
Lucero: Pablo trae la escuela guitarrística cuyana. Creo que en el toque de Carlos Viyer y en la escuela de Pablo está la diferencia de nuestro grupo.
Pablo, ¿cómo definirías esa escuela guitarrística?
Se toca con guitarrón, dos guitarras y algún requinto cuyano. Las guitarras van haciendo punteos, melodías a dos guitarras por debajo del canto. Es una manera particular de encarar el arreglo que también la tiene la música uruguaya y en la época de Grela se trabajaba así.
En tu manera de cantar hay un intento por emular el estilo de los cantores de los años 30.
Lucero: Supongo que todos los cantores de tango tenemos esa guía. Gardel y Los Beatles son mis artistas más amados. ¿Sabías que Carlos Gardel fue el primero en grabar canciones cuyanas?
¿Quedó algo de esa admiración por Los Beatles en tu expresión?
No; de los Beatles y de Gardel me queda sólo la emoción, porque para ser justos tampoco quedó nada de Gardel en mi voz, ojalá tuviera algo de él.
Los Beatles marcaron una ruptura y al rock de los 50 le sumaron ideas vanguardistas. Bardos Cadeneros, en cambio, no parece buscar un sonido diferente.
Lucero: Las guitarras de los Bardos no suenan como las de Gardel ni como las de Corsini y no había guitarristas cuyanos en las formaciones de Gardel. Pero la verdad es que no nos sentamos a pensar cómo cambiar el estilo, simplemente nos reunimos para hacer la música que amamos. Así de sencillo.
No creés que hay un tono paródico que inevitablemente se registra en la mayoría de los cantantes de tango actuales.
Lucero: Eso tiene que ver con el compromiso que cada uno toma con la canción. Yo miro el texto; hay tipos que se peinan y se paran como Gardel. Para mí sinceramente no sirve la parodia: peinarse a la gomina ya no me parece necesario.
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Nota publicada el 20/08/2005
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