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Escenarios
Escenarios del Tango: Del burdel al cabaret
El tango comenzó a hacerse escuchar al mismo tiempo en distintos
lugares, ya que pese a estar ligado desde su comienzo al prostíbulo,
en su época de proscripción, igualmente había otros
escenarios, donde también se lo escuchaba y bailaba, que le permitieron
salir de los suburbios para ganar luz pública. A partir de su instalación
en el cabaret el tango pasó a ser aceptado en los círculos
formales de la cultura pública.
Prostíbulo
o burdel:
Lugar habitual del tango, ligado desde su origen a la danza y a su desarrollo
musical. Más allá de su principal labor, las prostitutas
bailaban con sus clientes en patios y antesalas del burdel. En los burdeles
el ambiente libertino y el alcohol desinhibían a los concurrentes
y favorecían improvisaciones, obscenidades y osadías. Las
letras de habaneras y milongas se modificaban y adaptaban, generando así
un producto que con humor y groserías era un reflejo del ambiente
que le daba vida.
Tales reuniones eran acompañadas por músicos que tocaban
de oído temas populares, formando dúos o tríos, inicialmente
de flauta, violín y guitarra, instrumentos que fácilmente
se adaptaban a las dimensiones del lugar y permitían a los primitivos
músicos un fácil traslado de los mismos de un lugar a otro.
Con el tiempo ingresaron organitos a algunos burdeles suburbanos y los
de mayor categoría incorporaron el piano, mientras que los más
modestos recurrieron a las pianolas, de fácil ejecución
por no requerir de conocimiento musical alguno.
Cafés:
era frecuente encontrar en los barrios prostibularios cafés de
hombres solos donde los clientes del burdel se juntaban antes o después
de asistir al mismo. Generalmente a los prostíbulos se concurría
en grupos como también así sucedía en las mesitas
de los cafés. Estas melancólicas reuniones se acompañaban
por conjuntos de dos o tres músicos o solistas de varietés.
Peringundines
o piringundines: lugares de baile para la gente del pueblo. El dueño
de casa cobraba a los hombres por cada danza y les pagaba una parte a
las mujeres que allí se empeñaban en atender a sus clientes.
En el lugar había una especie de confitería, donde servían
licores, dulces y otros comestibles y en su parte posterior piezas utilizadas
como prostíbulo.
Academias:
locales donde se tocaba tango y los clientes eran asistidos por camareras
que admitían ser sacadas a bailar. En esos salones frecuentemente
podían verse a famosas bailarinas de la época mostrando
sus habilidades
Casas
de baile: establecimientos normalmente dirigidos por una mujer que
se alquilaban con su personal completo: mozos, mujeres y músicos.
Con respecto a estos últimos, en sus comienzos constaban del piano
y luego fueron agregándose el violín, la flauta y, por último,
el bandoneón. Entre estas casas de baile, en las cuales el inquilino
podía invitar a quien desee y organizar fiestas, eran famosas "Lo
de María la Vasca" y "Lo de Laura", lugar más
lujoso, donde la clientela se componía de personajes selectos
Patios
de conventillos y salas familiares: el tango tardó algunos
años en ingresar a los patios de conventillo. En ese ámbito
heterogéneo y humilde, que frecuentemente reunía a una familia
por cuarto y su clima era de trabajo y decencia, el tango no era bien
visto, estigmatizado por ser música prostibularia. Sin embargo,
finalmente logró ingresar: se lo tocaba en fiestas y casamientos
y se lo bailaba aunque sin realizar los cortes y quebradas típicos
de los burdeles. Más tarde el tango logró también
penetrar en las salas de las familias de clase media.
Fiestas
de carnaval: en esta fiesta popular la masa tenía libertad
para divertirse y agredirse. En los grandes teatros convertidos en pistas
de baile para la ocasión, el tango era el rey y no faltaban concursos
de piezas musicales y estrenos de muchos clásicos del género.
Por su parte, la gente salía a las calles y comparsas de falsos
negros gauchos, entre quienes se encontraban muchos "niños
bien" camuflados con el pueblo, imitaban viejos candombes propios
de los "barrios del tambor".
Teatros:
en Buenos Aires se desarrolló un sainete musical con números
de canto y baile en el que se instaló primero la milonga, hacia
la década del 90, y después el tango. Cuando el tango ingresa
en los salones y accede a los teatros puede considerarse que alcanzó
aprobación.
Varietés:
las calles más importantes del centro porteño atraen a muchos
teatros y locales de varietés, que se instalan sobre ellas. El
tango gana así estos escenarios donde tonadilleras y cupletistas,
españolas primero y argentinas después, comienzan a cantarlo.
Discos:
en la década del 90 se instala el fonógrafo en Buenos Aires
y dado el éxito del tango y el sucesivo permiso que permitió
escucharlo, si no bailarlo, durante la primera década del siglo
XX los primeros empresarios del disco nacional comenzaron con las grabaciones
de música porteña.
Cabarets:

Alrededor de 1910, el tango pasó por una transformación
sustancial en su ambiente. Los primitivos lugares de diversión
orillera, de bajo fondo, en los cuales se tocaba, pasaron a ser lujosos
y sofisticados sitios de reunión de la oligarquía. En Buenos
Aires se originó el cabaret, establecimiento de baile y distracción
desconocido hasta ese momento, que se volvió el eje de la vida
tanguera, desplazando al burdel.
El cabaret dio paso a una serie de reformas que iniciaron la época
clásica en el tango. La música se volvió más
seria y refinada y cambió totalmente el ambiente de trabajo para
los músicos de tango, al sustituir los cafés y academias
de los bajos fondos y ofrecer a los intérpretes mejores remuneraciones.
Al mismo tiempo, por tener una clientela con gustos más exigentes
y mayor poder adquisitivo, el cabaret reclutaba músicos profesionales,
elegantemente vestidos y permitía tener piano en el establecimiento.
Los músicos eran extraídos de la clase media y cultivados
en la disciplina musical. El tango se volvió así un género
musical hecho y derecho.
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